Los ítems liberados de las pruebas externas nos ayudan a los docentes a cobrar un sentido de responsabilidad que nos mueve a la acción y nos alienta a intercambiar información sobre el modo de aplicar innovaciones en los programas de estudio, la pedagogía y los recursos digitales; ofrecer experiencias de aprendizaje personalizadas que maximicen las posibilidades de éxito de cada alumno y hacer frente a la diversidad que nos encontramos todos los días en el aula.
Debemos introducir en las aulas un tipo de examen basado en las competencias, tal y como hacen los países de nuestro entorno, dado que en el mundo globalizado moderno los estudiantes deben ser capaces de colaborar con personas de distintas culturas y apreciar ideas, perspectivas y valores diferentes. Para tener las mejores probabilidades de éxito en la vida, deben recibir una educación que los prepare para enfrentar cuestiones que trascienden las fronteras nacionales.
Por estos motivos, quizá nos conviene una cierta homogeneización en los tipos de pruebas que realizan los alumnos debería ser algo preceptivo en un país como el nuestro, en el que las competencias en materia de educación están cedidas a las comunidades autónomas. Corremos el riesgo de las diferencias en la forma de evaluar y de diseñar los currículos ocasione que un alumno que se traslade a vivir a otra comunidad encuentre muchas dificultades para integrarse con éxito en un centro nuevo.
El hecho de poder acceder a los ítems tanto de las pruebas PISA como de otro tipo de evaluaciones externas, así como a los de las evaluaciones de diagnóstico que se han llevado a cabo en las demás comunidades, nos permite ponerlas en práctica en nuestras clases, hacer conocedores a nuestros alumnos de cómo se trabaja en otros lugares y a nosotros, como docentes, nos obliga a un ejercicio de necesario reciclaje, de actualización de conocimientos y de metodologías y de autoevaluación de nuestro trabajo diario.

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